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Sobre el Patronazgo de la Virgen del Carmen y otras Cosas

Sobre el Patronazgo de la Virgen del Carmen y otras Cosas

Es curioso como casi todos los gremios, desde tiempo inmemorial, buscan la imagen adecuada que, por su advocación, o circunstancias, se asemeje o entronque de alguna forma con la profesión que estas personas desarrollan. Algunas de estas coincidencias, cuando se ha solicitado el patronazgo son de un rebuscado tremendo. En nuestra ciudad tenemos uno, San Lorenzo, diácono y mártir, patrón de la hermandad de Viñeros y con ella y por extensión a todo el gremio de vitivinicultores de la ciudad y provincia. El entronque principal alegado es el modo en que murió el santo romano, quemado en una parrilla, que luce sujeta a una mano, mientras en la otra, porta la palma del martirio. La parrilla la escoge el gremio para simbolizar de alguna forma el pasero, donde descansan las uvas expuestas al sol para su pasificación. Esto costó tiempo lograrlo, y se le dio muchas vueltas en aquellos tiempos de reorganización de la cofradía.

En lo que respecta a la Virgen del Carmen, su advocación procede del enclave donde aún radica la orden carmelitana, en Israel, sita en el Monte Carmelo, Carmen viene a traducirse por jardín (carmel). Se relatan unos sucesos de asaltos al asentamiento de los religiosos y sus alrededores, y la Santísima Virgen se aparece y le pide que busquen otros lugares más seguros y que ella, será su estrella del mar, Stella Maris, la que los guiara por siempre. La devoción en nuestra ciudad se produce a raíz del establecimiento de la encomienda, allá por el año de 1584, donde se producen unas circunstancias muy bonitas que recuerdo haber relatado en estas páginas y la ayuda que prestaron los dominicos en Santo Domingo. San Juan de la Cruz fue el precursor de la encomienda situada en las playas de poniente donde se necesitaba evangelizar a la población de jabegotes allí residentes. Posterior es la encomienda de las monjas descalzas del Molinillo.

Su patronazgo con la Armada procede de una iniciativa muy particular promovida por el almirante Antonio Barceló Pont de la Terra, quien encomendaba a esta advocación mariana, a toda la tropa y marinería a su cargo. A partir de su fallecimiento en 1797 es cuando se comienza a fomentar el culto patronazgo más generalizado, encontrando más acogida la advocación de la Virgen del Carmen que la del hasta entonces patrón de la marina en general y la Armada en particular, San Telmo. Nombre que llevaron las escuelas de náutica de todo el territorio nacional. Algunos años más tarde, en el siglo XVIII es cuando la Armada oficializa el nombramiento de Patrona. Por extensión, también lo es de la marina mercante y de pesca, y todo lo relacionado con el mar.

La relación que liga a esta advocación con las Ánimas Benditas, no se sabe ciertamente si es a partir de la entrega del escapulario a San Simón Stock o en otro momento. Indiscutiblemente, esta relación está muy arraigada no en vano, la Virgen María, es madre y abogada nuestra, está es la primera connotación, refrendado posteriormente por ese compromiso maternal con la orden. Cuando hace la entrega del escapulario, efectivamente promete a San Simón Stock que quien vistiera esa prenda en la hora de su muerte, no padecería el fuego del infierno.

Su Santidad Juan XXIII recibía este mismo mensaje siglos más tarde con la especificación de que Ella sacaría del Purgatorio, el sábado siguiente a su muerte, a quienes hubieran vestido el Santo Escapulario en vida.

Apoyándose en esto, en 1613, SS. Paulo VI promulgó la siguiente Bula:
«Permítase a los Padre Carmelitas predicar que el pueblo cristiano puede piadosamente creer que la Bienaventurada Virgen María con sus intercesiones continuas, piadosas sufragios y méritos y especial protección, ayudara después de la muerte, principalmente el sábado, día a ella dedicado, a las almas de sus cofrades que llevaren el hábito carmelitano».

Juan Gonzalo Arrabal Granados