Blog
¡Salve, Estrella de los Mares!
Últimas Noticias
Real Hermandad de Sta. María de la Victoria
Hay vínculos que no necesitan palabras para sentirse, ni explicaciones para comprenderse. Uno de esos vínculos es el que une a quienes vivimos el mar desde diferentes vertientes: unos desde la superficie, otros desde las profundidades; unos como marinos, otros como submarinistas. Y entre nosotros, con una presencia serena pero firme, siempre está Ella, la Virgen del Carmen, patrona, madre y guía de todos los que tenemos el mar como horizonte y destino.
Como marino, me siento profundamente afortunado por poder compartir camino, amistad y fe con la Asociación de Submarinistas de Málaga, una comunidad ejemplar que no solo representa los valores del compañerismo, la entrega y la pasión por el mar, sino también una profunda devoción que da sentido a lo que hacen. La Virgen del Carmen no es para ellos un simple símbolo: es parte de su día a día, de sus inmersiones, de sus recuerdos. Y es precisamente en esa entrega silenciosa y constante donde los marinos nos vemos reflejados.
Porque aunque nuestras formas de vivir el mar sean distintas, nuestra devoción es la misma. En cada singladura, en cada guardia, en cada noche bajo las estrellas, sé que al igual que yo, ellos también miran hacia el cielo —o hacia el azul profundo— buscando a la Virgen. Ese gesto que parece tan simple es, en realidad, una declaración de fe. De confianza. De hermandad.
Desde hace años, tengo el privilegio de custodiar y mimar en la Comandancia Naval de Málaga una imagen muy especial: la Virgen del Carmen de los Submarinistas, esa preciosa talla que descansó durante tantos años bajo las aguas de la Malagueta, velando por quienes se adentran en las profundidades del mar.
Su llegada a estas instalaciones, hace ya tres décadas, no fue solo un acto simbólico. Fue la cristalización de una amistad entre marinos y submarinistas que venía fraguándose desde mucho antes, una unión nacida del respeto mutuo y la devoción compartida. Esa imagen, suavemente transformada por el paso del tiempo y por el roce de las corrientes marinas, tiene una belleza singular. Lleva impresos en su superficie los signos del mar, como una piel que ha vivido, que ha sentido, que ha acogido oraciones en silencio. Cada vez que paso por delante de ella —y lo hago muchas veces al día— no puedo evitar detenerme un instante, aunque solo sea para dedicarle una breve oración, un pensamiento, un recuerdo para todos aquellos amigos submarinistas que la veneraron antes que nosotros y que ahora la siguen protegiendo desde otros mares.
El 16 de julio, día grande de nuestra querida Virgen del Carmen, es sin duda una de las jornadas más especiales del año. Desde primera hora de la mañana, marinos y submarinistas nos reunimos en torno a su imagen para rezar, cantar, recordar. Es un acto cargado de emoción, que va mucho más allá del protocolo: es una celebración viva de nuestra fe y de nuestra hermandad. Una tradición que se ha convertido en parte esencial de nuestras vidas y que renueva, cada año, ese compromiso mutuo con el mar y con nuestra Patrona.
Lo que vivimos ese día es único. No hay distancias, no hay diferencias: solo compañeros que se abrazan con una mirada, que comparten una oración con los ojos cerrados y que sienten, de verdad, que forman parte de algo más grande. Ese «algo» es lo que representa la Virgen del Carmen: una madre que nos cuida a todos, que nos une, que nos recuerda por qué elegimos este camino.
Y es que, si algo he aprendido en todos estos años de convivencia con los submarinistas malagueños, es que el amor por el mar no entiende de profesiones ni de categorías. Entiende de personas. De pasiones. De fe. Nos une el viento salado, el sonido de las olas, la inmensidad del horizonte…
En estos tres años destinados en esta tierra, he ido descubriendo con gratitud el cariño profundo que le tengo ya a Málaga y a su gente. Su calidez, su nobleza y su acogida me han marcado, y el día que me vaya me los llevaré en el alma.
Que la Virgen del Carmen siga guiando nuestras singladuras, nuestras decisiones y nuestras vidas. Que cada ola que rompa en la costa, cada inmersión, cada travesía, sea una nueva oportunidad de agradecer su protección. Y que nunca falte, ni en marinos ni en submarinistas, el orgullo de sabernos sus hijos.
¡Viva la Virgen del Carmen! ¡Vivan los submarinistas malagueños!
Pablo Murga López.