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En los puentes de mando de los buques es interesante ver los paneles de control con todo el instrumental de navegación y comunicaciones y todos los sistemas de aviso del estado de las máquinas. Es una ingente cantidad de información contenida en cada uno de los indicadores para lo cual hay que estar instruido en su interpretación. Generalmente, y dependiendo de las posibilidades, estos sistemas suelen estar duplicados por seguridad, de manera que, en el caso de que alguno pueda fallar un segundo sistema de respeto hace posible salvar el incidente de manera segura.
En el buceo también la duplicidad de sistemas es un recurso de seguridad, de forma que no se debe bucear sin Octopus (una “segunda etapa” del regulador) o sin dos linternas (en inmersiones nocturnas), y cada vez es más común la estandarización de duplicidades como botellas con grifería doble, el uso de segundas “primeras etapas”, o máscara de repuesto durante la inmersión.
Esta duplicidad hace que se aumenten y encarezcan los equipos, además puede hacernos pensar que “cuanto más mejor”. Sin embargo, no por muchas cosas que llevemos vamos a salir mejor parados. Más bien al contrario. En el buceo recreativo ir por el fondo cual árbol de navidad, repleto de “porsiacasos” (cargado de útiles y cachivaches), además de incómodo y ridículo, puede resultar contraproducente y peligroso.
Pero para llevar poco es imprescindible conocer qué necesito realmente. Si escucho a los comerciales me veneran razonadamente mil necesidades, si escucho a mis gustos y sentimientos acabaré justificando mil necesidades que no son reales.
Poco, pero bueno. Quizás esta pueda ser la frase que resuma la mejor opción. Y no sólo en el buceo: en nuestra alimentación, en nuestro descanso, con nuestros amigos, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones… Es todo un arte saber valorar más la calidad por encima la cantidad, la profundidad sobre apariencia, la verdad sobre la percepción, en definitiva, el Ser sobre el Estar.
Que yo me sienta Aquaman, a base de ponerme cacharros, no me va a convertir en Aquaman. Y tener de compañero de buceo a Aquaman no sólo es desconcertante, sino que puede resultar peligroso.
Para esto tenemos que dejar de escuchar propagandas interesadas; parar a escuchar en lo profundo de nuestra alma; y llevarlo al campo de pruebas de la realidad del día a día donde: lo que vale, vale y lo que no vale se acaba diluyendo como azucarillo en el océano.
Para identificar lo que sobra de tu equipo tienes que conocer y ordenar las necesidades humanas reales de tu vida: “Qué necesitas” es más importante que “qué quieres”. En este punto, el ejemplo de nuestros mayores es oro fino.
Porque, como reza el dicho castellano: “Dios Siempre perdona, el Hombre a veces, la Naturaleza nunca”. Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Rafa López.